Pez Payaso.

¿Pa’ ónde es que te has ido ve? En ese charco yo te imaginé mil veces, de noche, de día, de negro, pálida, con la blusita de tiritas, con esa espalda blanquísima, con la piel, con el cariño. Tantas veces nos dieron las diez en tu puerta que ya no puedo soportar el silencio en las noches de los barrios. Pa’ ónde es que te has ido con la blusita negra de tiritas, con esos hombros que alumbran como la luna. Ya no trabajo en el circo ¿sabías? No, no lo sabías, no sabes nada. Ahora soy azul, como el mar. A ónde fue que fuiste a dar so puerca con esa sonrisota, mi sonrisota, con tu boca perfecta, mi boca; yo nunca me aparté, ésa es mi respiración, la que sientes. Hago piruetas en la playa, cuento algún cuento, la gente me regala monedas. El punto es atrapar a los niños. ¿Qué pensaste? ¿Que lo que el estico te decía era sincero y que lo mío no? ¿Que yo no era capaz de amar verracamente? ¿Que me iría con el circo? No, me hubiera quedado, te lo juré. Lo juro, me hubiera quedado. ¿O qué fue lo que pasó? No llamar, no contestar, huir. Un día, en el feisbuc, te despediste de mí, dijiste algo sobre una tarea, que tenías que irte, bien, chao, y tu maldito puntico verde estuvo ahí como una hora más, mucha perra, qué fue lo que pasó.

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Lluvia en prosa.


Todas las edades, todos los momentos, no llovió, luz, viento, todo se llenó de martes, cual luna, cual perro, una descarga, el cielo, cual llanto, llanto, sombra, la Normal, un machete, los Quillacingas, negro brillante, era así, negro, brillante, una flor rota, rotísima, un río, su río, Río, Brasil, un cuy, doscientos watts, noventa grados, diez mañanas para danzar, el saxo, la negra cantando, frijol, arroz, salsa, rock, los pies, las manos, su pelo, Shivá, la revolución, Gladys corriendo, papá, Rimbaud sin leer, El Alto, el río Patía, hambre sed miedo sangre, todo se llenó de viernes, ¡azúca!,  la melodía, la batería, el negro que canta, Edimburgo, Shanghái, la tristeza, el carnaval, la Pacha, todos los porqués, todo, todo me envolvió cuando te acercaste para besarme.


Carta revolucionaria a un recuerdo.



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La mamá

Por todita la casa andaban regaos todavía los estragos de la fiestica de Fidel, como le llamo a mi sobrino menor. Cumplió un añito en mayo, el glorioso mes de las madres. Yo me la andaba pasando medio cabisbajo porque ese domingo, el más solemne y maternal del año, había estao todo el día fuera de la casa.

Como Stalin, otro sobrino, improvisaba algo en la guitarra cerca de donde la mamá lavaba trastes, se me ocurrió reivindicarme. Con toda la gallardía del caso me acerqué y, junto a la melodía, improvisé algunos versos. Yo y mis cuentos, pero bueno, eran con todo el amor, para ella, que estaba de espaldas a nosotros.

Cuando acabamos todo se detuvo. Un silencio ansioso inundó la cocina. De pronto lo esperado: la oímos hablar. Gritó que me recogiera el mechero y le  fuera diuna vez a devolver esas sillas.


Confesión Intimísima…

Es que yo necesito que piense bien bonito, no va ser. Porque yo no soy desos que si andan puai descachalandrando, ni me ando jode que jode con esas culiprontas puallá ni nada. Con yo la cosa es seria.

Ton si cierto alguna cosa pues dirá, di no pues hablará hora en vida porque cómo. Es que yo salgo pa’ Cali pero pues asegún alguna cosa pues yo me puedo star quedando.

Óigase, la vaina es así. Apeniticas aclara me levanto y di un prestico toy trabajando, caminándome tuitico ello sin pensión de nada, di no dele que dele al sudor. Qué más si así me criaron. Eso sí me da como un sentimiento en veces y sé andar como medio sarandelo pero es por la niña mía, vusté sí si ha de acordar ¿no? La que se fue con don Ferley y no volvió más pacá onde el taita.

Yo me sé poner a cantar y voy así chiflando y me hago pues los moditos ¿no? De no sentirme como tan apeñuscao, de no dejarme atembar como con tanto silencio. Cuando me coge el solcito de los venaos me voy desgalgando rapidito y acá me encuentro antes de qui anochezca. Si quiere un día la llevo al pino grandotote, ése de La Falada, pa’ que vea de bonito ques puallá, que’so sí es una verraquera le cuento. Ahí es donde yo sueño tanta cosa, no ve que ahí es que me hago sombrita pa’ descansar, eso pa’ mí es bonito. Y si nos coge la oscurana pues nos hacemos una candelita ¿no? Si quiere.

Ton pues si vusté me permite quisiera que nos igualemos, que nos acompañáramos y así pues vamos acabando ¿no?, como con las penurias y todu eso, con la tristeza ¿no?

¿Qué dice?..


La cita

Ése sí que fue un reflejo del carajo. Yo que veo el paquetico saltar al escritorio de la señorita y me mando diuna a cogerlo.  Ayy!, el alkaseltzer, dije, y lo guardé otra vez en la billetera. Estaba tratando de sacar el documento que me pidió pa’ lo de la cita con el odontólogo. Pero naa e`nervios, no se la pillaron, la enfermera tampoco. La jugada había sío inteligente.

Mientras me registraba y cruzaban sonrisitas reaccioné: claro, ambas trabajan en lo de la salú y sabían perfectamente que ese empaquecito cuadradito no era de ningún alkaseltzer ni de curitas ni de nada deso. Salí de Emssanar con los cachetes ardiendo.


Dolor de un día.

Cuando bajáramos era seguro que iba a pasar. En las gradas, afuerita, en el andén, en el teléfono público; era obvio. Pero cuando ella dijo que listo, que ya era hora, y yo casi grito de la felicidá, Miguelito decidió acompañarnos, tan amable él, nos fue a dejar hasta el teléfono y esperó con nosotros el taxi.

Tan bello. Seguro no entendió cuando le dije en la avenida que nosotros íbamos a esperar el taxi allí y que fuera siguiendo que yo luego le caía, tampoco cuando ella no quiso coger el taxi arriba en el Valencia sino que prefirió acompañarnos a pie, seguro tampoco entendió cuando en la Esmeralda insistimos en no coger el puto taxi sino que iríamos hasta la casa a estarnos un ratico -según nosotros.

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La qué paliza.

Le volví a recalcar que ya dos pisas me habían metío gracias a ella. Se la notaba como medio achantada. Una su estruendoso novio que no se aguantó la maricadita en la que andábamos, la jodita entre los dos y me zampó severo trancazo que casi me tumba y ahí, claro, medio enclenque me remató a pata y puño. Y ahora ésta de sus hermanitos y los primos que la celan más quel putas y no pueden creer que yo la tenga medio entretenida porque quién putas soy yo pa’ meterse con la nena. Lo malo es que estos hijueputas sí me revolcaron con ganas, yo gozándome la fiesta bailando bien rico y estos que me sacan y tenga lo mío pa’ que afine.

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Historias de amor de pequeños amores.

Soñé como deben soñar los ratones. Seguro que en sus sueños hay mucho queso. Desos quesos que traen de La Palma o El Alto, de los de seis mil que alcanzan pa’ toditica la familia y sobra. Quizás los ratones se sueñan metidos dentro de uno desos quesos. Cuando me desperté no vi sino el guango e’ leña que toca subirle a doña Blanca porai a las ocho.

En el sueño estaba metido entre los pinos de la finquita de don Ismael que parecen un bosque tenebroso como los que salen en las películas que nos hace ver el Marcial en su full televisor. Pero lo hermoso era que estaba la Leidycita otra vez y  me miraba como si yo le fuera a decir algo importante, algo quera importante pa’ ella y quella lo quería escuchar de mí, y yo sí sabía bien quéra, en el sueño yo sabía quella quería escuchar eso que desde hace tanto tiempo pensé en decirle y nada. Uno como enamorao es medio güevon y bien pendejo. No se porta como es, sino que se desgualanga.

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Iluminaciòn…

 

Frente a nosotros se extendía una larga calle solitaria. Iba en subida. De no sé qué  parte salió un  carro, avanzaba alejándose en esa oscuridad. Una moto entró también  y después de superar el auto se mantuvo siempre a la misma distancia de éste. Nosotros a pasos lentos muy atrás de ellos los veíamos alejarse. Fueron como camuflándose en la negrura y se dibujó en su lugar un gran triangulo de luz resplandeciente. Una estrella.

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